jueves, 3 de junio de 2021

Los gatos

Son tres o cuatro gatos los que a diario saltan el muro para darse cita en el patio trasero y recibir su ración de alimento. A simple vista parecen gatos comunes, pero no lo son. Forman una pandilla que podríamos llamar “los troskygatos” y discuten acerca de las políticas que afectan al vecindario.

En la agenda de hoy, la orden indica debatir un asunto de vital interés: simpatizar con los humanos o mantener la relación hostil. 

El comité gatuno está formado por "El Gordo Pablo", líder sindical y dirigente de la organización de ultra izquierda, "Movimiento Insurgente de Animales Unidos - MIAU". Pablo representa el ala más radical de la intransigencia felina junto a Confite, Secretario de la agrupación por la lista Atigrada del Felinismo Combativo. Confite es quien maneja las asignaciones partidarias. Todo lo que entra y sale de la caja pasa literalmente por sus garras.  

Ernesto o "Tito" es el cerebro del grupo, el monje negro que mueve los hilos detrás de sus influencias mediáticas y campañas propagandísticas. De corriente marxista-leninista, es profesor emérito y ex titular de la cátedra de Economía Solidaria de la Universidad de los Bigotes. También, es columnista de la revista Infogatos, en donde publica sus filosos artículos.

        Ya en la medianera se los escucha:

- ¡Malditos humanos! ¡No son comunistas! ¡Quieren domesticarnos, doblegar nuestra voluntad! ¡Ahí está el asqueroso polizón canino que vigila su propiedad! ¿Acaso no es suficiente prueba de que son unos cerdos capitalistas? No podemos confiar en ellos - vocifera Pablo y luego se relame una de sus patas delanteras. 

- Nos alimentan todos los días. ¿Qué se traerán bajo la manga? - pregunta Confite.  

- Queridos felinos, debemos poner en marcha un plan para averiguarlo. Sé exactamente quién y cómo podría ejecutarlo - afirma Tito mientras mastica un repugnante copo de alimento balanceado con sabor a queso. 

El cuarto animal se asoma por el tejado: una gatita blanca de contextura pequeña con un antifaz formado por una graciosa mancha beige que va de un lado al otro del rostro y se extiende hasta la nariz. 

- Les presento a Kitty, escribe para la sección "Ratas y Ratones". Trabaja conmigo en la redacción – le dice Tito a sus camaradas.

Kitty o Katia - tal es su verdadera identidad- es una doble espía de origen mestizo, controla células con base en Moscú y en Londres, "vende" información al partido comunista y colabora con Tito en operaciones encubiertas.    

- La propuesta es la siguiente - continúa Tito-. Kitty ingresará a la vivienda. Una vez adentro, podrá recabar datos vitales sobre el objetivo. Luego, analizaremos los riesgos y evaluaremos las pérdidas materiales por la ruptura definitiva o, si amerita, un escenario de potencial acercamiento y diálogo. ¿Patas a favor? -todas - ¿En contra? -ninguna-. Se levanta la sesión hasta obtener novedades.

Son dos o tres ventanas las que se abren a diario para ventilar la propiedad. Esto sucede alrededor de las 10 de la mañana. El evento constituye un hábito, por lo que no figura en ninguna agenda.

Incluso desde el patio los gatos no ven más que la cama matrimonial, ubicada al centro de la pieza; aunque a cada uno de sus laterales hay una mesita de luz con un velador y detalles de menor importancia. La puerta de la habitación está ubicada al otro extremo, en forma perpendicular a la ventana. Luego, hay un pasillo angosto que comunica el ambiente con el baño y el living, y en este último está la puerta que da a la calle.   

La segunda ventana, ubicada en otro de los dormitorios, y una tercera, amurada en la pared frontal de la cocina, no serán de interés para Katia, dado que no son recursos necesarios para su infiltración.  

A eso de las 10:30, la señora propietaria abre la puerta de casa para dejar salir a la mascota canina con el simpático paseador de perros. Se saludan con un gesto y el sujeto parte con la manada de monstruos para dejar al can de regreso en el término de 45 minutos o - a lo sumo- una hora. Ese evento también constituye un hábito. 

En la agenda de Kitty figura un suceso de importancia mayúscula: es el día de la "Operación Filete". 

Dos saltos hubiesen sido necesarios para ir desde el techo hasta el patio e ingresar al cuarto principal. A ella le bastará uno. Y un rápido desliz de sus cuatro patas por el piso de parqué para refugiarse debajo de la cama. 

El olor a atún que se desprende de una lata en la basura, al otro extremo de la casa, la distrae unos segundos. También, el cadáver de una cucaracha voladora que yace oculta debajo de una mata de pelusa al pie de la mesa de luz, junto a la pared. 

Toma aire, se rasca el lomo con el hocico y comienza su trabajo de campo. 

Nota mental 1: la casa está habitada por dos individuos caucásicos, uno femenino y otro masculino, ambos de unos 40 años.

Nota mental 2: se refieren al canis familiaris como Minnie.

Nota mental 3: Disney es el mayor símbolo de la colonización cultural del imperialismo en Latinoamérica.

Nota mental 4: los habitantes mantienen relaciones de producción con entidades a las que denominan "empresas", a cambio de un salario.

Nota mental 5: la remuneración que perciben es la suma del ingreso familiar.

Nota mental 6: el ingreso familiar es menor en términos reales año a año, debido a la inflación. 

Nota mental 7: adhieren a los valores del progresismo. 

Nota mental 8: no perciben beneficios adicionales en concepto de intereses u otras formas de plusvalor.

Nota mental 9: se identifican en sus costumbres con la burguesía. 

Nota mental 10: el gasto mensual de nuestro alimento significa el uno por ciento de los ingresos familiares. 

La nota mental 11 es interrumpida por la dueña de casa, que cierra la ventana por la ventisca. A Katia sólo le falta recoger algunos datos para dar por concluida su labor. La evidencia recogida hasta ahora indica que los humanos cooperan con el sistema y que no participan del socialismo, ni en la práctica ni en los valores, ni de la simbología, ni de ninguna otra forma utópica de manifestación cultural.

Katia intenta reformular su nota mental número 11, que vuelve a interrumpirse, esta vez, por el chirrido de apertura de la puerta de calle y el jadeo de Minnie.  

- La traje un ratito antes - dice el simpático paseador canino, y sin más detalles saluda y se va.

Apenas olfatea a la gata, el polizón canino activa su mecanismo represor y coercitivo en defensa de la propiedad privada, alzando la guardia con una batahola de ladridos. 

Katia, que trabaja en absoluto silencio en su centro de operación táctico entiende que aplicar el protocolo - poner cara de gatita indefensa y tierna- es la única manera de salir con vida. Además, le preocupa su imagen. Sabe que ha fracasado en su misión y que necesitaría ocho o nueve vidas para reconstruir su reputación de agente. 

- Gordi, ¿qué le pasa a la perra? Hay algo debajo de la cama – se alerta el individuo caucásico femenino-.  

- ¿A ver? ¡Es un gato! – dice el masculino. 

Minnie gruñe histérica, intentando atrapar a la intrusa entre un manotazo y otro por debajo del colchón, con las encías desencajadas. 

- Ay, ¡me parece que está muy asustado! Tenemos que encerrar a la perra en el patio para que se anime a salir – dice la dueña de casa. 

Pablo, Confite y Tito esperan recibir el informe especial de Katia para retomar la sesión, deliberar y sentar dictamen. Tito enciende un cigarro tras otro, tose y vuelve a fumar. Cuando por fin recibe el documento esperado, da una última pitada, arroja la colilla, abre el sobre de un zarpaso y espeta su contenido: 

"Estimados compañeros, 

No sin vergüenza, debo confesarles que la Operación Filete fracasó. Fui descubierta por el polizón canino y encontrada por los humanos, quienes me proporcionaron una vía de escape. Por lo demás, no tengo más que gratitud para con ellos". 

Después, siguió leyendo la transcripción de las 10 notas elaboradas. 

- El texto es concluyente – afirmó Tito- Entablar relaciones de cooperación con los humanos es la opción más razonable. Salvaron a una de los nuestros. Propongo entregarles una ofrenda en señal de gratitud. ¿Patas a favor? Todas -¿En contra? - Ninguna-. 

Fueron dos o tres días los que hicieron falta para juntar las plumas desparramadas por el patio. 

- ¡Gatos de miércoles! ¡Dejar una paloma destripada al pie de la puerta!

- ¡No les damos más comida! Se acabó.

 


martes, 11 de mayo de 2021

A papá

En un ramo de tinta veo tu cara, 

tu cara que es hermosa

como un ramo de palabras bastas y arboladas.


Ahora, los domingos son más tristes, 

como un tul de parra el mediodía se deshoja.


Detrás de la ventana 

tu voz como el aire, 

tus zapatillas de jean, tus cordones canos 

las uñas de tus pies, que yo adoraba. 


A veces, me parece oírte 

los tangos, las historias, los boleros

el timbre que no suena

Tu risa, todavía.


lunes, 26 de abril de 2021

Fake news


Esa mañana había visto un video impactante, de esos que circulan por los chats de Whatsapp, en el que un cocodrilo enorme, que había vulnerado el cerco de alambre fortificado de una casa en Miami, había ingresado al jardín y había atacado violentamente a la propietaria, al zambullirse ella en la pileta.

-          “¡Fake news!”, comentaron mis amigas. 

Yo, en cambio, quedé impactada al punto de que esa noche no pude dormir. La secuencia de la mujer abriendo la puerta de doble hoja de vidrio que daba a la galería externa, entre la voz de su esposo que la grababa con el celular, el zoom in de la cámara en mano para tomar el instante del chapuzón y el inmediato asalto del reptil, alzando el cuerpo de la víctima entre sus mandíbulas como a un pez, los gritos y el agua tenida de sangre – casi en simultáneo- se instaló en mi cabeza: ¿qué haría yo si un cocodrilo me tomase por sorpresa en el patio de casa?, ¿gritaría?, ¿me quedaría tiesa de pánico?, ¿correría?, ¿me escondería?, ¿podría salvarme?. Esos pensamientos se quedaron en mi mente hasta que amaneció. 

Me levanté furiosa conmigo misma. ¿Por qué me había desvelado por esa estupidez? Googlié. En Argentina no hay cocodrilos y los yacarés habitan en zonas subtropicales, y se alimentan de mamíferos pequeños y de aves de igual tamaño. Además, yo vivía en Martínez, una zona urbana de Buenos Aires, y mi modesto patio lindaba con construcciones habitadas por seres humanos con hábitos citadinos. O sea, la posibilidad de que algo semejante aconteciera era nula.

¿Qué había significado entonces aquella preocupación? Quizá, un miedo irracional vinculado a mi niñez. ¿No era el malísimo Capitán Garfio, quien amenazaba a sus prisioneros con que su secuaz Smith, los convirtiera en alimento para el cocodrilo que tenía por mascota? 

Pasó el mediodía. Hacía un calor infernal y después de esa noche de absurda tensión, necesité relajarme un poco al aire libre. Me puse una bikini y las ojotas, busqué la reposera de lona naranja, que guardo plegada en el garaje para que no se oxide por el contacto con la lluvia, y con el mate en la mano y la radio encendida desde el teléfono, salí.

Me recosté y me quedé varios minutos con los ojos cerrados, escuchando los hits de los ´80s, que transmite una emisora de clásicos. La escucho porque tiene una programación entretenida, alterna música con comentarios interesantes acerca de la historia de las bandas y de sus éxitos discográficos. Y por supuesto, informa con noticias de última hora.

“Una mujer fue atacada por un caimán de casi tres metros. El hecho, que conmocionó a los vecinos de zona norte, ocurrió hace apenas unas horas en el barrio de Martínez, cuando  la mujer de 37 años tomaba sol en el fondo de su vivienda y fue agredida ferozmente por un yacaré negro de unos 400 kilos. El reptil le provocó severas lesiones en piernas y abdomen, y graves contusiones en el resto del cuerpo. Según expresó por comunicado de prensa la Fundación Vida Animal, se trataría de un el ejemplar que se habría escapado de la reserva ecológica ubicada en el partido de Pilar, a unos 20 kilómetros del domicilio de la víctima, quien se encuentra internada en un sanatorio privado de zona norte y con pronóstico reservado”. 

  

lunes, 27 de julio de 2020

Historias de mar

Dijo que vio una enorme serpiente salir de las profundidades y dar un giro sobre la embarcación hasta volver a sumergirse y desaparecer. Dijo que estaban mar adentro, a unas 70 millas del puerto y que esa noche se desató un fuerte temporal, que el viento hizo serpentear el barco como una cáscara de nuez entre olas de diez o quince metros y que vió cómo los relámpagos iluminaron de violeta todo el océano. Dijo que estaba con otros siete tripulantes, pero que estaba solo en la proa, sacando con un tacho el agua que caía a balazos en la cubierta, cuando escuchó el gemido de la bestia que gritó y que vio su lomo oscuro y escamado saltar formando un arco por encima de su cabeza, y que sintió la furia del coletazo que el monstruo dio a la nave, antes de zambullir su cuerpo otra vez.
Dijo que tuvo miedo y le creí.
Faltaba un día para las Pascuas y los Sábados de Gloria están permitidos los festejos, así que ese sábado estábamos comiendo un asado en casa de Mario,  cuando el tipo contó eso.
El hombre se llamaba Roberto y era capitán de un buque pesquero. No sé hace cuánto estaría en la ciudad o amigo de quién sería. Viví acá toda la vida y en "pueblo chico" todos nos conocemos las caras. Y esa cara, la de Roberto, no la conocía. Recuerdo que tenía una expresión poco común en la mirada, algo que me pareció bastante hostil.  
Cuando terminó de hablar se hizo un silencio, de esos de los que cuesta salir porque uno se va a otra dimensión y queda como en un limbo, hasta que alguien vuelve y continúa a la charla.

- ¡Andá! Son historias de pescador - vociferó uno. Y hubo risas.
- Yo te creo, Roberto. Que las hay, las hay. Criaturas o lo que sea, porque haber, hay. En Necochea y en todas partes. – Así, empezó Laura su relato. Y siguió:
- Hace unos veinte años estaba con mi amiga, la María, la que vivía a la vuelta, la que era mi vecina, y serían como las diez de la noche. Íbamos a ir a un asalto por el cumpleaños de un compañero de la escuela, pero nos dio fiaca y en vez de encarar para el lado de la casa a dónde vivía el chico, nos pusimos a caminar y sin darnos cuenta terminamos en la playa. Hicimos unos dos kilómetros por la orilla, hasta que nos sentamos al borde de la escollera.
Estaba oscuro y era una noche hermosa de verano, en los primeros días de diciembre, cuando los turistas todavía no llegan y nosotros podemos disfrutar de nuestra playa.
Estábamos sentadas al borde de una roca, con el sonido de fondo de las olas que reventaban contra las piedras y nos salpicaban con la espuma, y ella recitaba un poema que le había escrito al novio cuando grité:
- ¡Raja! ¡Levántate y rajá!
Corrimos tan rápido que no nos dieron las patas del susto, hasta que llegamos a la intersección con la 59.
- ¿Qué viste?
- Lo mismo que vos. - No pude decir más.
Nos detuvimos al llegar a la plaza del centro, frente a una confitería que estaba abierta.
- ¿Qué viste?
- Una sombra, un alma, un espectro, no sé. No sé qué mierda ví.
Entramos al café, compramos una botella de agua y le pedimos al muchacho de la caja que nos prestara una birome.
- Por favor, dibujalo. - le pedí-
Agarró una servilleta de papel de la mesa e hizo el retrato. Fue tal cual. Lo que habíamos visto era la figura de una mujer, una sombra más negra y más oscura que la noche, una silueta de cuatro o cinco metros de altura, erguida sobre las aguas, levitando, con el pelo largo hasta la cintura y un vestido como de tules harapientos formados por una bruma espesa y abominable.
Unos cuatro meses después, merendábamos en lo de la María y su abuela, la doña Gloria, que siempre tenía el tele encendido en la cocina, nos chista para escuchar las noticias: un guardavidas de Claromecó en Canal 11, que decía que había visto un ánima maligna surgir de la nada y elevarse sobre el mar.

- Era tu suegra, Lau - bromeó Pico, con la boca a medio llenar.
Yo lancé una carcajada que me atraganté con la gaseosa, porque a la suegra de la Laurita le falta la escoba, nomás.
Y después me puse seria porque era grave el asunto:
- Ustedes joden y algunos deben pensar que son mitos, fantasías. No todos, porque algunos tienen respeto. Yo vi el mal con mis propios ojos y lo que ví fue la maldad.
Todos saben que yo trabajo en Necomar hace un montón de años, al menos 15 serán. Frente a la esquina de la 159, al lado de la casa de náutica Don Julio, vivía un tipo: el Gitano.
De vez en cuando, se cruzaba a comprar a la pescadería y ninguna de las dos empleadas, ni Paula - la otra chica- ni yo, lo quería atender porque nos daba la sensación de que el tipo era raro, de que vibraba bajo. Tenía una onda que cuando se cruzaba se te ponía la piel de gallina.
Una mañana de julio, a eso de las 8, estaba abriendo la pescadería. Hacía un frío y había una niebla... Bue, en eso, mientras enciendo las luces oigo un tole tole bárbaro en la vereda: era el Gitano que discutía con uno de sus vecinos en la puerta de su casa.
- ¡Ojalá que te mates en la esquina y te hagas bosta!- lo escuché bien clarito.
Nomás, que el vecino (no me acuerdo ahora el nombre) cruza la esquina, la de la 159 y la 96, y lo atropella un camión que venía de Mar del Plata. Se lo lleva puesto. El chofer nunca lo vio. ¿Pueden creer? Los restos del tipo quedaron desparramados por la avenida hasta las tres o cuatro de la tarde. Vos Mario, ¿te acordás?
Del Gitano se decía que era brujo, que hacía gualichos, que iba a la playa de noche y hacía rituales malignos con animales, siempre había un chisme.
La cuestión es que había pasado un tiempo luego del accidente y el Gitano comenzó a ir más seguido a la pescadería, con la excusa de que el médico le había recomendado que comiera más Omega 3 por su artritis. El Gitano tendría unos 73 o 75 años, en ese momento. La cosa es que empezó a ir más seguido a la pescadería y nos fuimos convenciendo de que era un pobre jubilado del que se hablaba por hablar.
Será que uno se acostumbra a todo porque el hombre nos empezó a caer bien. Incluso, una tarde mi compañera le convidó unos mates con criollitos y se quedó charlando con nosotras hasta que cerramos.
Ella le contó que estaba embarazada de cuatro meses, que esperaban a una nena, que le iban a poner Camila, que pronto iba a entrar de licencia.
Al día siguiente, el Gitano cayó a la pescadería con unos escarpines blancos de regalo.
Sentí un chucho, un erizo, te juro:
- Ni se te ocurra, Paula. Prendelos fuego. ¿Me escuchás? – le advertí.
No sé si ella sintió lo mismo o me hizo caso por esa aprensión que tienen las embarazadas, o por instinto. No sé. Fuimos a la cocinita que estaba al fondo. Les tiramos medio frasco de alcohol. Luego encendimos un fósforo y vimos cómo los escarpines blancos ardieron sobre la mesada. No se quemaron.

Siempre que estamos en vísperas de las Pascuas, me acuerdo de lo que dijo el tal Roberto ese día en el asado:
Dijo que por las noches escuchaba los gemidos de la serpiente marina y que la bestia se alimenta de los restos de animales que los hombres dejan en la costa cuando invocan al Maligno, y que el demonio se presenta a las almas que lo adoran y que adopta la forma de una mujer.




lunes, 20 de julio de 2020

Amistad

El hábito de la risa 
La pegatina en el álbum de fotos:
Toda la colección de fracasos
La libertad de decir y de decirnos 
Esto somos
Quiero escucharte
Te abrazo, siempre.