Lo que voy a narrar no es
ficción, sino el relato de una serie de acontecimientos que fueron
forjándose como hierro, tejiéndose como seda, antes de que me fueran
confesados. Es una historia de seducción y de placer, que como tantas
otras narraciones eróticas tiene lugar en un hotel porteño.
Contiene escenas de sexo explícito
y de violencia; así que, si no están dispuestos a conducir sus limpias
conciencias por estos oscuros senderos, simplemente enciendan la televisión y
miren otro capítulo rosa de la telenovela rosa de las quince. Si por el
contrario continúan con la lectura, quedarán con ganas de más. Elijan, señoras,
su propia aventura.
Bajo ningún punto de vista revelaré
la identidad de quien la confesó: la protagonista, alguien a quien aprecio y
admiro, y a quién denominaré en adelante, "Perra Sexy" o
"ella".
Adelanto algunas de sus
características: ya dijimos que es una perra sexual en todos los sentidos en
que una mujer puede serlo. Un lindo quilombo. Original, efectiva, independiente
y con una dosis XL de pimienta. Una mina intensa. Un terremoto, con el culo y
las tetas perfectas. ¿Piernas? Maravillosas ¿Ojos? Amarillos como los de una
fiera en la noche. ¿Boca? Carnosa. Un animal.
¿Él? Un jeque occidental con
gustos excéntricos. Dueño de propiedades en Miami y en Nueva York, un Mr. Grey
modelo 504. Un gánster a la vieja usanza, dedicado a los negocios, al lifesyle,
al whisky, a las putas y al lujo. Un cincuentón sibarita y amante del bon
viviant. Caprichoso hasta los huevos. Una máquina de opulencia, demandante y
decidido. Un seductor. Prolijo, impecable, perfumado. En dos palabras: un
cazador. Lo llamaremos "Hunter" o "H".
El cazador y su perra están a
punto de encontrarse en el lobbie de un hotel de Recoleta. El asunto: negocios.
El mundo ejecutivo brinda oportunidades magníficas para encuentros sexuales entre
desconocidos.
Ya en el lobbie del hotel, se
ven a lo lejos y se gustan. Él carga una bala y pone el ojo en la mirilla. ¿Se
gustan? Recalculando... Se encantan. ¡Boom! Explotan como pirotecnia en la ropa
interior.
Ella se presenta: "Hola,
soy Perra Sexy" - dice su nombre y un par de palabras introductorias a una
reunión laboral-. H ni siquiera la escucha. Ve cómo su boca articula, pero sólo
puede pensar "¡Qué hija de puta!". Ya hay entre ellos una tensión
sexual suficiente como para no resolverla.
Ella se muerde el labio, él le
roza la rodilla con su mano ancha y masculina, y - sin preguntar- pide café. Lo
beben sin prisa.
Luego, se retira el tercero en
discordia, un socio irrelevante y molesto, que no tiene nada que hacer ahí más
que irse de una buena vez. ¿Un socio? - pensarán- Sí. Un sujeto cuya presencia
en escena es decorativa y desatinada (motivo por el cual no fue introducido en
el relato, aunque tal decisión viole las normas de la narrativa convencional).
H ordena dos vodkas. Los toman,
se ríen, hacen contacto visual, se miran los labios. Otro gesto al camarero.
- Dos vodkas más - sin consultas
ni por favores.
- Sí, señor.
El mismo coqueteo potenciado por
los efectos del alcohol y el estómago vacío. Son las 12 del mediodía. Se despiden.
Saben que se van a coger fuerte.
Perra Sexy llega a su casa. Se
desviste y enchufa el Iphone que se está quedando sin batería. Apenas tiene
tiempo para darse un baño y almorzar, antes de volver al laburo. Todavía está
un poco ebria. Entra a la ducha y enjabona su espléndido trasero, mientras
piensa que el tipo del hotel aparecerá por la tarde. Si hay algo que esta
bestia tiene es olfato con los machos.
Son casi las siete cuando recibe un nuevo mensaje de whatsapp:
- Hola. Voy a estar hasta el martes en Buenos Aires y no me quiero ir sin
dártela, pedazo de hija de puta.
Ese no fue el verdadero mensaje. Aunque no hace falta ser un exegeta para
interpretar el texto - que a todas luces tiene ese significado-.
Se encuentran en el mismo hotel
a las 9 pm. Ella no quiere atrapar la sortija. Fue a lo seguro con el vestido
más corto y escotado que encontró en su placar, una prenda minúscula que apenas
cubre sus partes íntimas a falta de ropa interior. Pretende que él no haga
esfuerzos adicionales para quitarle la tanga. Después de todo, H no tiene que
hacer algún mérito, excepto cumplir con el único requisito que le demanda el
contrato implícito que firmaron, reducirla y hacerla estallar.
H: - Señorita, quiero esa mesa.
Metre: - Está reservada, señor.
Hunter saca de su billetera un
fajo de dólares. Diseney es magia; la mesa está disponible. Se sientan. Ella
se quita el tapado y lo apoya en el respaldo de la silla.
H: - Señotita - a la camarera -,
dos whiskys. ¿Qué vas a comer? - a ella -
PS: - Gracias. Ya cené.
H: - No. Algo tenés que comer.
PS: - Bueno. Lo que vos quieras.
Toman un par de copas y la
conversación empieza a elevar el tono:
PS: - ¿Me querés coger?
H: - ¿A qué viniste, sino?
Pausas como sorbos y nervios
como risas. La química es evidente, pero es más que una simple calentura. Hay un
componente erótico vinculado al poder. La experiencia de la sumisión es más
excitante cuando el sometido intenta revelarse.
PS: - Si podés, digo... Tenés la
edad de mi viejo.
H: - Tu viejo nunca se imaginó
que le iban a coger tan bien a la nena.
Se abalanzan, se besan, se
muerden, se tocan, se excitan en público como si no hubiera nadie en el salón o
como si el hecho de ser mirados por la gente los excitara todavía
más.
PS: - Vamos a un cuarto.
Si ella da un paso. Él,
dos.
H: - Terminá de comer.
Hunter paga y deja una abultada
propina sobre la mesa.
H: - ¿A dónde tenés el auto?
PS: - Lo dejé en un garaje a
tres cuadras.
H: - ¿Por? Se lo hubieras dejado
al valet parking.
PS: - Sí. No me avivé.
H: - Despertate, bonita. La vida
pasa rápido.
Están en la habitación 1208, una
suite exquisita, pero no es suficiente. Hunter levanta el teléfono para
comunicarse con la recepción.
- Hola, ¿quién habla?
- Buenas noches, señor. Habla
Vanesa.
- Hola Vanesa, estoy en la 1208,
pero quiero una suite con jacuzzi, ¿Cuáles tenés disponibles?
- Con jacuzzi... 1508,
3356, 5895 y 1047, señor.
- Ok, Vanesa. Nos pasamos a la
1047 y te pido que me suban un Don Perigon.
Perra Sexy lo lee. El cambio de
dormitorio es parte de una estrategia meta- discursiva. "Todos van a hacer
lo que me canten las pelotas. Vos también". El mensaje subyacente: el
poder tiene indiscutibles propiedades afrodisíacas.
H: - Quiero mirarte.
H se reclina sobre un
chesterfield de cuero marrón. Se quita los zapatos, también de cuero marrón. Lo
atrae la idea de verla desnuda durante un rato. Verla sentada, sin ropa,
indefensa, al borde de la cama, mientras hace bailotear el hielo en su vaso de
trago largo. Algo está elucubrando. Es un tipo a quien hay que temer cuando
parece que su mente entra en reposo.
Ella se desviste. Tiene las
tetas perfetas, los pezones rosados y la caída justa de las lolas operadas; las
piernas firmes, el pelo lacio le cae hasta debajo de la cintura. Linda, sensual.
H: - No comimos postre. ¿Te
gusta el helado de crema con frutillas?
PS: - Sí.
H: - Entonces vas a comer helado
de crema con frutillas.
PS: - ¿Y vos?
H: - No. Vos sos mi postre.
H vuelve a llamar a conserjería
y pide que le traigan un kilo de helado con frutillas naturales. Un pedido
exótico para esta época del año en Buenos Aires.
Perra Sexy está recostada sobre
la cama cuando ve que H deja ingresar al cuarto a un camarero. Al tipo se
le van los ojos como si estuviera frente a una pantalla gigante con imágenes
del carnaval de Brasil. Imposible no desviar la vista. El espectáculo
incomoda lo suficiente al mozo, que apoya la bandeja sobre una mesa y se dirige
con la mirada hacia abajo, hasta llegar a la puerta. Antes de cerrarla,
pregunta con voz tímida: "¿Necesita algo más, señor?". No tiene respuesta.
H se abalanza sobre Perra Sexy y
le empieza a chuparle el clítoris con su lengua tibia y frenética. Cuando ella
alcanza el climax detiene el movimiento.
H: - ¿Estás lista?
PS: - Sí.
H se quita la ropa con
elegancia, toma el pote de helado y las frutillas y embadurna el metro sesenta
que ella tiene de carne. Después, toma las frutas con la boca y, de a una, se
las deposita entre los labios. Perra Sexy va masticándolas y tragándolas. Experimenta.
Siente agrado y displacer al mismo tiempo. La piel helada y el roce de la
lengua haciéndole cosquillas al pasar sobre la entrepierna. La situación es
extraña y fascinante.
Se miran. Se desafían. Él la
toma fuerte del pelo detrás de la nuca y sin preámbulos, la da vuelta y la
penetra. Se cogen como perros y se muerden y se babean como en una cacería; y gimen
y sudan y se lastiman en un ambiente viscoso y reñido. Hunter dice muchas y
tupidas palabras sucias y la abofetea, con una fuerza calculada que puede
infringir un dejo de dolor. Hasta que amanece.
H: - ¿Qué vas a desayunar?
PS: - Nada. No desayuno.
H: - Algo vas a desayunar.
Desayunan desnudos café con
leche y medialunas de manteca.
H: - ¿Necesitás plata?
PS: - Me estás faltanado el
respeto -le dice con absoluta sorpresa.
H: - No, no. No lo tomes a mal.
Pero pienso que podés necesitar efectivo. Sólo eso. Por favor no te ofendas.
PS: - Ok. ¡Un poco fuerte tu
comentario! -se ríe nerviosa-. Solo por curiosidad, ¿qué día cumplís años?
H: - El 18 de diciembre.
Perra Sexy sonríe.
H: - ¿Y vos?
PS: - El 18 de diciembre.
H: - ¿En serio? ¡Qué loco! Me
quedo hasta el martes en Buenos Aires. Quiero que te quedes conmigo. Por favor.
Te lo estoy pidiendo por favor y creeme que nunca pido favores. ¿Qué
decís?
PS: - No puedo, tengo que
laburar.
H: - Cuando vuelvas de trabajar
te podés quedar a dormir.
PS: - Hoy tengo el cumple de mi
mejor amiga.
H: - Decile a tu amiga que estás
con un tipo que te está cogiendo bárbaro y que no rompa las pelotas. – Piensa un
instante - ¡Ya sé!, le compramos un regalo muy costoso, una cartera o unos
zapatos bien caros en el shopping de enfrente. Así compensás. Se lo llevás el
martes, cuando me vaya.
Perra Sexy se vuelve a reír.
PS: - Gracias, pero no.
Esa misma mañana me llamó para
contarme la historia. Dijo que se había metido en la cama con un cincuentón
atrevido y ricachón, que la había seducido, sometido y humillado. Me contó que
salió del hotel y caminó por la Recoleta despeinada y con el maquillaje corrido
como una prostituta, a primera hora de un viernes. Me comentó que las tres
cuadras hasta el estacionamiento fueron larguísimas, que tuvo miedo de que la
detuviera la policía, que los porteros de los edificios la miraron con cara de
asco y que casi provocó un accidente entre un colectivero y un ciclista que se
distrajeron cuando ella, también distraída, cruzó la calle.
Además, me dijo que era la
primera vez que había ido a una cita con el claro propósito de ser subyugada, y
que el tipo cumplió a la perfección con sus expectativas.
- ¿Entendés? Fue así: ¡Puf - Puf - Puf! Te juro, demencial. Hubo fuegos
artificiales -Me explicó del otro lado del teléfono.
A la noche vino a mi cumpleaños. Cuando se fue faltaba un rato para que sopláramos
las velitas. Antes de irse, me saludó y en un susurro me dijo: "Recién le mandé un texto. Vuelvo
al hotel".