Pobrecita. Seguí, acariciándote la cabecita despacio, si querés. No llores o vas a ensuciarte el uniforme con los mocos.
El gato de la vecina no aparece desde hace días. Pero vos sos grande, ¡Tenés 6! Asique, sé fuerte. Tu mamá te dijo que ningún ser en la Tierra vale más que una de tus lágrimas. ¿Te acordás? Seguro que cuando el gato mire esta noche la luna va a saber que lo estás esperando. Tal vez, entonces vuelva. ¿Quién sabe?
Tu mamá también está triste. Se le nota, pero cuando le preguntás cambia de tema. Hace como que no le pasa nada y habla del gato: que qué lindas que son las manchas blancas que tiene en la cola y que si le dejaste comidita en la puerta de casa. Por eso, llorás en el baño solita: para que nadie te vea así de triste, porque ese gato de porquería te abandonó.
Cuando papá toque el timbre el domingo, cuando él venga a buscarte (ojalá que esta vez cumpla y no prefiera quedarse con esa dientuda de ojos azules), podés pedirle que te regale un gatito para no extrañarlo tanto.
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