viernes, 26 de junio de 2020
Sórdida rémora
Desplazarse como una rémora.
Oír el crujido de la aurora
Y la cadencia de las hojas
Al inclinarse el otoño.
martes, 2 de junio de 2020
Tu nombre, una mueca
Son rosas que se siembran en la noche
Que en versos florecen al rostro
Que en muecas el tiempo recoge.
En cada palabra te he dado
El juramento de no olvidarte
En mi promesa va tu nombre
En cada línea, en cada trazo.
domingo, 24 de mayo de 2020
La nena frente al espejo
Pobrecita. Seguí, acariciándote la cabecita despacio, si querés. No llores o vas a ensuciarte el uniforme con los mocos.
El gato de la vecina no aparece desde hace días. Pero vos sos grande, ¡Tenés 6! Asique, sé fuerte. Tu mamá te dijo que ningún ser en la Tierra vale más que una de tus lágrimas. ¿Te acordás? Seguro que cuando el gato mire esta noche la luna va a saber que lo estás esperando. Tal vez, entonces vuelva. ¿Quién sabe?
Tu mamá también está triste. Se le nota, pero cuando le preguntás cambia de tema. Hace como que no le pasa nada y habla del gato: que qué lindas que son las manchas blancas que tiene en la cola y que si le dejaste comidita en la puerta de casa. Por eso, llorás en el baño solita: para que nadie te vea así de triste, porque ese gato de porquería te abandonó.
Cuando papá toque el timbre el domingo, cuando él venga a buscarte (ojalá que esta vez cumpla y no prefiera quedarse con esa dientuda de ojos azules), podés pedirle que te regale un gatito para no extrañarlo tanto.
martes, 5 de mayo de 2020
Intuición
Marcos me apura, me dice que los albañiles llegan alrededor de las 10, que todavía tenemos que pasar por la ferretería a comprar los materiales, que el tránsito se pone denso a esta hora mano a Capital. Yo estoy en el dormitorio, secándome el pelo frente al espejo, así nomás, porque no es bueno salir con el pelo mojado en invierno. Marcos insiste con que estamos demorados y dejo de escucharlo porque se vuelve recalcitrante cuando empieza con la perorata de la impuntualidad. Mientras me maquillo, apenas con un poco de base y rubor, para que no se me note el cansancio y en ese desorden de mi mente que es una conexión, un cable que se ata a tu ventrículo izquierdo o no sé bien a qué lóbulo intangible del pensamiento, te miro y obvio, me mirás. Esta imagen se me presenta con la fuerza de un rayo y tengo - no ya la esperanza- sino la certeza de que, por fin y casualmente, vamos a encontrarnos. Y con ese pálpito, esa intuición de vernos, después de todas las horas devenidas en meses devenidos en años, sonrío y sigo con el labial. Subo al auto. Marcos maneja enojado y discutimos porque una compañera del trabajo le mandó un corazón rojo por Whatsapp. Me dice que se llama Julia, que le manda corazones a todos. No le creo. Le pido que le diga que a él no se los mandé más, que la ubique. No responde, pero sube el volumen de la radio y baja la ventanilla porque le falta el aire, dice. Me pregunta que qué quiero hacer con el tema del viaje. Él cree que deberíamos ir a Europa o a Estados Unidos, no sé. Piensa que deberíamos darnos la vida que no pudimos antes, cuando teníamos ganas de hacer planes, pero no teníamos los medios; que se siente estancado, que nuestros amigos se mudan a casas con jardines en donde construirán una pileta o tienen hijos que festejarán el cumple en un salón con pelotero y metegol, y a donde invitarán a los amiguitos y a los padres del cole, con los que juegan al fútbol los sábados, y no a nosotros, que no tenemos hijos, claro. Voy callada, ni siquiera lo miro. Después del periplo, estacionamos. Cargamos las bolsas de arena, los tachos de albañilería y las uniones macho y hembra hasta el ascensor de servicio. Y subimos.
Abro la puerta de doble hoja
vidriada con la mano derecha. Con la izquierda sostengo el celular que está
apoyado en la oreja. Discuto con el arquitecto. Me dice que hay cosas que no se
pueden calcular, imprevistos, errores que no se pueden prever. Le respondo que
solucione urgente el tema de la filtración de agua, que él debería estar en la
obra supervisando que no se hagan más cagadas, porque además de retrasarse los
tiempos, el proyecto va a salir una fortuna. Le digo todo eso con rabia y
cuelgo. Entonces, guardo el teléfono en la cartera y alzo la vista. Estás
sentado en la mesa más cercana al ingreso del local. Afuera hace frío, pero
adentro la temperatura es agradable por el calor de los hornos. Te miro y
obvio, me mirás porque acá estamos, uno frente al otro. Te había visto
así, con esa serenidad en el semblante, con el look mega clásico de
sweater azul y pantalón beige, que es tan tuyo. Hola, me decís. Y yo,
Hola. Me acerco al mostrador y pido tres de muza más siete porciones de fainá,
y dos Cocas, por favor. Compro todo eso para darle de almorzar a los obreros.
Vení, así nos ponemos al día. Me hacés con la mano un gesto para que me acerque
y voy. Tus cosas, ¿bien? ¿Seguís trabajando en la agencia? Sí. Vos, ¿qué
hacés por acá? Te cuento lo del departamento, que es muy luminoso, que es
grande, que la idea es alquilarlo un par de años para sumar otro ingreso. Es
una buena ubicación, comentás. Me contás que a dos cuadras vive tu suegra y que
hay muchas compañeras de Ema también en la zona. Te respondo que sí, que es una
buena ubicación. Cruzo las piernas y sin querer o queriendo, te rozo y te
sonrojás como esa vez en la oficina que te pedí ayuda con el último botón de la
manga y casi te prendés fuego de vergüenza. ¿El laburo? - cambiás de tema
-. Mucho, estoy en marketing en una refinería global, todo bien corpo. Y
sigo hablando en modo ejecutiva hasta que un mozo me interrumpe porque nuestros
pedidos están para retirar. Bueno, decís, que qué lindo verme, que hacía mucho
que querías escribirme pero que cambiaste el teléfono y perdiste mi contacto.
Tenés mi mail, te contesto, y asentís con la cabeza, mientras salgo de la
pizzería.
lunes, 13 de abril de 2020
Caja de música
Como un Te amo, pero...
Recuerdo aquella luna
En la quietud de la noche
Y tu sonrisa en la distancia
Incierta.
Hay algo de nostalgia en estos días,
Soledades antiguas y nuevas.
Quizá, mañana pueda verte
Encontrarte, tal vez, mañana
Para que arregles con tu música
Mi fábrica de sueños.